El otro día mi hija mayor me preguntó por qué insisto tanto en que empiece a ahorrar ahora, con 15 años. "Papá, tengo toda la vida", me dijo con esa seguridad que solo tienen los adolescentes que aún no han pagado una factura de la luz.
Le conté entonces la historia del granjero y el tablero de ajedrez.
Cuenta la leyenda que hace 1,500 años, un rey persa quedó tan impresionado por el juego del ajedrez que mandó llamar a su inventor, un humilde granjero.
"Pídeme lo que quieras", le dijo el rey con generosidad real. El granjero, con la cabeza gacha, respondió:
"Majestad, solo quiero un grano de trigo en la primera casilla del tablero. Dos granos en la segunda. Cuatro en la tercera. Y así, doblando la cantidad en cada casilla hasta la número 64."
El rey se rio. ¿Un granjero pidiendo granos de trigo? ¡Qué modestia tan patética! Ordenó que le dieran lo que pedía.
Sus matemáticos empezaron a contar.
Primera casilla: 1 grano.
Segunda: 2.
Tercera: 4.
Décima casilla: 512 granos.
El rey seguía riéndose. Pero entonces llegaron a la casilla 21 y algo cambió: esa casilla sola tenía más granos que todas las anteriores juntas.
Cuando llegaron a la casilla 64, necesitaban 18 trillones de granos de trigo. Más de todo el trigo producido en la historia del reino. El granjero no era humilde. Era un genio matemático que entendía algo que el rey no veía: la diferencia entre suma y multiplicación.
Mi hija me miró y dijo: "Pero papá, en las primeras casillas apenas hay nada."
Exacto. Ese es el problema.
El tablero de Buffett
Warren Buffett tenía 65 años en 1995. Era ya uno de los hombres más ricos del planeta, con casi 12.000 millones de dólares. A esa edad, la mayoría de la gente está pensando en jubilarse. Buffett llevaba ya 40 años invirtiendo. Había construido un imperio.
Treinta años después, en 2025, tiene 148.000 millones de dólares.
Haz el cálculo. Más del 90% de su fortuna —más de 135.000 millones— la acumuló después de los 65 años. No porque se volviera más listo a los 70 que a los 40. No porque descubriera algún secreto mágico en su vejez. Porque dejó que el tablero siguiera jugando.
Los primeros 40 años de Buffett fueron las primeras 20 casillas del tablero: importantes, fundamentales, necesarias. Pero los últimos 30 años fueron las casillas 40 a 64. Y en el interés compuesto, como en el tablero del granjero, el 99% del valor está en las últimas 20 casillas.
Tu tablero (el que sí puedes controlar)
Vale, tú no eres Buffett. No tienes una empresa que vale medio billón de dólares. Pero las matemáticas son exactamente las mismas. La única diferencia es el número de ceros.
Imagina que hoy tienes 10.000€ ahorrados y decides invertir 300€ al mes durante 30 años. Nada heroico. Menos de lo que muchos gastan en gimnasio, Netflix y el Starbucks que no necesitaban cada mañana.
Si obtienes un 8% de media anual —con una cartera bien diversificada— y pagas comisiones bajas, terminas con más de medio millón de euros.
Déjame que lo repita para que lo veas claro: inviertes 118.000€ en total (10.000€ iniciales + 300€ × 360 meses), y el tiempo multiplica tu dinero por 4,5 veces.
Pero hay un problema.
La semana pasada te hablé de la inflación como el enemigo silencioso que erosiona tu dinero.
Hoy te cuento que hay un enemigo peor. Uno que no ves en las noticias. Uno que trabaja activamente para convencerte de que es tu amigo.
Las comisiones compuestas.
¡La buena noticia es que con este enemigo sí que puedes acabar!
Los dos vectores que tiran de ti
Imagina que tu dinero es un barco en medio del océano. Hay dos corrientes tirando de él en direcciones opuestas.
El vector que te lastra:
Los fondos activos típicos en Europa te cobran un 2% anual de comisiones. "Solo un 2%", te dice el asesor, como si fuera insignificante.
Mismo escenario. Mismos 10.000€ iniciales. Mismos 300€ al mes durante 30 años. Mismo 8% de rentabilidad objetivo. Pero con fondos que cobran 2% de comisiones.
Resultado final: 361.580€.
El vector que te impulsa:
Mismo dinero. Mismas aportaciones. Mismo mercado. Mismo 8% de rentabilidad. Pero con ETFs indexados que cobran 0,2% en vez de 2%. Solo ese cambio. Nada más.
Resultado final: 532.395€.
La diferencia son 170.815 euros.
Ciento setenta mil euros. Por hacer exactamente lo mismo, pero pagando un 1,8% menos en comisiones cada año.
Esos 170.815€ representan 47 años de tus aportaciones mensuales. Sí, has leído bien: pierdes más años de ahorro que los 30 años que estás invirtiendo. No porque el mercado te falle. No porque eligieras malas acciones. No porque no leyeras suficientes informes trimestrales.
Porque alguien se quedó con tu tablero de ajedrez mientras tú jugabas.
El rey que trabajaba para Mediolanum
Imagina que el rey de la historia trabajara como "Family Banker" para Mediolanum. Y al granjero le dice: "Te daré tus granos, pero te cobro una pequeña comisión de gestión del 4% en cada casilla. Es lo normal en el sector."
El granjero acepta. Treinta años después, cuando llega a la casilla 64, descubre que en vez de 18 trillones de granos tiene 5 trillones. El rey le explica que "son las comisiones compuestas, es lo que hay, llevamos siendo los número 1 satisfaciendo clientes durante 6 años consecutivos y eso tiene un precio". Y le ofreció un PIAS para compensar.
El granjero entendió entonces por qué el rey tenía mejor palacio que él.
Por qué nadie te cuenta esto
Nassim Taleb tiene un concepto que me encanta: antifrágil. El interés compuesto es antifrágil. Mejora con el tiempo y sobrevive al caos. Las crisis, las correcciones, las recesiones... todo eso es ruido en un gráfico de 30 años. Pero el interés compuesto tiene una kryptonita: las comisiones compuestas.
Porque las comisiones también son exponenciales. No te cobran 2% sobre tu inversión inicial. Te cobran 2% sobre el total cada año, incluyendo las ganancias que ya generaste. Es interés compuesto al revés.
¿Sabes por qué tu asesor financiero no te enseña esto? Porque la diferencia entre cobrar 2% y 0,2% son literalmente 170.000€ de tu dinero que van a su bolsillo. Y si cobra mediante retrocesiones, ni siquiera lo ves en tu extracto. Es invisible. Como el rey que no veía la diferencia entre las primeras casillas y las últimas.
Los datos son públicos. La Autoridad Europea de Valores (ESMA) publicó en 2024 un informe devastador: los fondos activos en Europa cobran de media un 2% total anual. Los ETFs indexados, 0,2%. Y aquí viene la realidad: "Los fondos activos continúan teniendo peor rendimiento que los fondos indexados... después de comisiones."
Te cobran más. Para darte menos. Y te lo venden como "gestión profesional." ¿Te imaginas pagar más por un Casio que por un Rolex? Pues eso...
Las casillas que te quedan
Jesse Livermore, el trader más legendario de Wall Street, dijo algo que tardé años en entender de verdad: "El dinero se hace sentado, no haciendo trading." No lo decía porque fuera perezoso. Lo decía porque entendió que el trading es lineal y el tiempo es exponencial.
Y cada punto porcentual de comisión que pagas es como regalarle tus últimas 20 casillas a alguien más.
Llevamos 5 semanas de viaje: ya sabes que el dinero te compra tiempo, que debes pagarte primero, que la inflación te roba si no inviertes, y que el interés compuesto es tu aliado si evitas las comisiones.
La semana que viene te cuento por qué, sabiendo todo esto, el 95% fracasa.
Spoiler: busca un espejo.
En el Proyecto K te enseñamos cómo construir tu tablero de ajedrez y cómo tener la disciplina de no tocarlo mientras crece.
Porque el único secreto que existe —y que la industria financiera trabaja activamente para que no entiendas— es que el tiempo y las comisiones bajas son los únicos dos aliados que tienes en este juego.
Las matemáticas no negocian. Los granos de trigo no hacen concesiones. Y el interés compuesto no perdona a quienes llegan tarde.
Precio hasta el 31 diciembre: 495€
A partir del 1 enero: 595€
Si quieres dejar de estar en la casilla 3 mientras otros llegan a la 64, inscríbete aquí.
P.D.: Esa noche mi hija me preguntó cuántos granos había pedido realmente el granjero al rey. Le dije que hiciera el cálculo ella misma. Ayer me enseñó su hoja de Excel: 18.446.744.073.709.551.615 granos.
Entendió el punto.
Ahora te pregunto: ¿cuántas casillas te quedan en tu tablero? ¿Y a quién le estás regalando los granos?
Para ti, la cacerola.
Pablo ([email protected])


