Hace unos años leí la serie "Padre Rico, Padre Pobre" de Kiyosaki.
No son libros perfectos. Tienen sus fallos. Pero hay un concepto que me cambió la cabeza, los cuatro cuadrantes del flujo de dinero de su segundo libro:
E de Empleado.
A de autoempleado (autónomo).
D de dueño de negocio.
I de Inversor.
Los dos primeros intercambian tiempo por dinero. Tú trabajas, te pagan. Dejas de trabajar, dejas de cobrar. Da igual que seas cajero de supermercado o cirujano cardiovascular. Si no estás, no hay cheque.
Los dos últimos son otra historia. En D e I el sistema trabaja para ti. El dinero genera dinero. Otras personas trabajan y tú participas de los beneficios.
La pregunta obvia es: ¿cómo llegas a I sin montar una empresa, sin arriesgar tu casa, sin vender zapatillas del maletero de un coche?
La respuesta es lo que quiero contarte hoy.
De $50 a $178 millones: La historia que explica qué es una acción
El 25 de enero de 1964, Phil Knight era un chaval de Oregon con una idea loca: importar zapatillas japonesas a Estados Unidos.
Su padre le prestó $50.
Cincuenta dólares.
Con eso y un socio (su antiguo entrenador de atletismo, Bill Bowerman) fundó Blue Ribbon Sports. El modelo de negocio era simple: Knight viajaba a Japón, compraba zapatillas Onitsuka Tiger y las vendía en ferias de atletismo. Del maletero de su Plymouth Valiant verde lima.
Los primeros años fueron un infierno.
Casi quiebra varias veces. Los bancos le cortaron el crédito. En un momento dado, el gobierno de EE.UU. le reclamó $25 millones en impuestos retroactivos por una norma absurda sobre importaciones. Veinticinco millones que no tenía.
Noches sin dormir. Cheques que rebotaban. Empleados sin cobrar.
¿Te suena glamuroso? A mí tampoco.
Pero Knight siguió. Y la empresa creció. En 1971 cambiaron el nombre a Nike (la diosa griega de la victoria) y encargaron un logo a una estudiante de diseño gráfico por $35. El famoso swoosh.
En 1972 facturaban menos de $2 millones. En 1980, $270 millones. Ingresos que prácticamente se duplicaban cada año.
Y entonces llegó el momento.
2 de diciembre de 1980
Ese día Nike salió a bolsa.
Precio por acción: $22.
Phil Knight, que había empezado con $50 prestados, quedó valorado en $178 millones. De la noche a la mañana. Su socio Bowerman en $9 millones.
Pero aquí viene lo importante para ti.
Ese mismo día, cualquier persona con $22 podía comprar una acción de Nike. Un trocito de la empresa. Sin haber vendido una sola zapatilla. Sin haber negociado con japoneses. Sin haber aguantado los cheques que rebotan.
Por $22 te convertías en socio de Phil Knight.
No en un sentido metafórico. En un sentido real y legal. Propietario de una fracción de las fábricas, las patentes, los contratos, los beneficios futuros.
Eso es una acción.
Un papel que dice: "Soy dueño del 0,0001% de esta empresa".
No es una apuesta. No es un boleto de lotería. No es un casino.
Es propiedad. Derecho a una parte de los beneficios. Derecho a voto en las juntas de accionistas. Derecho a que, si la empresa vale más, tu trozo valga más.
Lo que nadie te cuenta
Pero espera. Que la historia tiene más.
Entre 1982 y 1984, la acción de Nike se desplomó más de un 60%. Los beneficios cayeron de $40 millones a $10 millones. Las zapatillas deportivas pasaron de moda. La gente quería zapatos "elegantes".
Muchos inversores vendieron aterrados.
Phil Knight escribió en su carta a accionistas de 1984 que la situación era muy difícil. Parecía el fin.
Ese mismo año, el 26 de octubre de 1984, un rookie de la NBA llamado Michael Jordan firmó con Nike.
El resto ya lo conoces.
Los que vendieron en el pánico se quedaron sin nada. Los que aguantaron... bueno, los números hablan solos.
$1.000 invertidos en la salida a bolsa de 1980 valen hoy más de $550.000.
$100 se habrían convertido en $55.000.
La estudiante que diseñó el logo por $35 recibió 500 acciones unos años después. Nunca vendió las originales. Hoy valen más de $2 millones.
Qué significa esto para ti
No te estoy diciendo que busques "la próxima Nike". Eso es casi imposible y lo veremos en las semanas siguientes.
Te estoy diciendo algo más simple.
Cuando compras una acción, no estás jugando al casino. Estás comprando un trozo de un negocio real. Con empleados reales. Productos reales. Clientes que pagan dinero real.
Si el negocio crece, tu trozo vale más. Si el negocio genera beneficios, tú recibes una parte (dividendos). Si el negocio quiebra, pierdes tu inversión.
Es ser socio de verdad. Con las ventajas y los riesgos que eso implica.
La diferencia con Phil Knight es que tú no tienes que vender del maletero. No tienes que pedir $50 a tu padre. No tienes que aguantar las noches sin dormir ni los cheques que rebotan.
Entras directamente al cuadrante I de Kiyosaki.
El sistema trabaja para ti.
Y esto, querido lector, es la renta variable.
¿Qué por qué se llama "variable"? Pregúntale a Phil Knight. De $50 a $178 millones. Luego, -60%. Luego, x550.
Varía. Vaya si varía.
Pero a largo plazo, si aguantas, los dueños ganan.
Ahora bien.
Una cosa es saber que puedes entrar en el cuadrante I comprando un trozo de empresas.
Otra muy distinta es saber hacerlo con cabeza. Saber qué comprar. Cuánto. Cuándo. Y sobre todo, saber a qué juegas.
Para eso existe el Taller de Inversión Indexada de El Proyecto K.
Quedan 3 plazas en marzo. No voy a decirte que es para todos. No lo es.
Te dejo un testimonio no rogado:

Reserva tu plaza aquí: [ENLACE TALLER K MARZO]
La semana que viene te cuento por qué algunas empresas como Nike sobreviven a las crisis y otras desaparecen para siempre.
Spoiler: tiene que ver con cómo funciona el capitalismo. Y es una muy buena noticia para ti como inversor.
Si te ha gustado, reenvía este email a alguien que siga pensando que "la bolsa es un casino".
Un abrazo,
Pablo ([email protected])
PD: Aquí te dejo el informe de cómo lo ha hecho la acción de Nike desde 1990 hasta la actualidad versus el SP500. Ahora mismo lleva los peores 5 años de su historia reciente. Pero antes, una pequeña encuesta; elige tu opción:


