Hoy es 24 de diciembre y tu buzón estará lleno de felicitaciones navideñas vacías.

Sin alma.

Todas iguales, todas tan falsas.

Joder, si vas a felicitar la Navidad a alguien hazlo con el alma, esfuérzate. Si no, mejor no lo hagas. Casi es peor.

Hoy te traigo un cuento de Navidad que me acaba de pasar.

Un cuento real y duro.

He paseado esta mañana con mi amigo Paco y Boston, mi perro. O con Boston y mi amigo Paco.

Pero eso no es lo importante.

Paco tiene 52 años.

Y mientras caminábamos me ha contado su cruz:

"Pablo, yo vivo al día. Me acabo de separar, tengo 4 hijos. Vivía en la casa que era del padre de mi ex-mujer y ahora estoy en casa de mis padres. No tengo nada más."

52 años.

4 hijos.

120 kg de peso.

Y nada más.

Bueno, sí. Unos padres que le quieren incondicionalmente, que no le juzgan, solo lo acogen.

Recuerda: más que tus padres nunca te va a querer nadie en este planeta. Ni probablemente en ningún otro.

Cuídalos.

Porque algún día, y espero que en tu caso sea dentro de mucho, solo quedará un contacto en el teléfono que ponga "mamá" o "papá" pero que al otro lado ya no haya nadie con quién hablar, con quién reír o llorar.

Cuídalos porque ellos te han cuidado sin esperar nada a cambio.

Eso sí que es amor incondicional.

Espero que estos días los disfrutes y los valores, porque algunos ya no tendrán tanta suerte.

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero hay cosas que no se pueden curar. Son las cicatrices del recuerdo.

No gastes todo lo que tienes.

Que si vuelves a casa de tus padres sea porque los quieres ver, porque los quieres cuidar.

No porque no tienes nada más.

Nos vemos el domingo 29 con la Semana 7.

Feliz Navidad…

Otros artículos

No posts found